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Verdaderamente cada día me sorprende, más si
cabe, la plaga de violencia que vivimos en
España. En otros tiempos me imagino que la
educación en la familia, en el colegio, en
la parroquia, las formas y educación en
sociedad hacía que los valores de la persona
estuviesen presentes en toda actividad:
familiar, religiosa, pública, deportiva,
etc. |
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Hoy, sin embargo, la violencia de género es
a diario un problema cada vez más grave. La
violencia en las escuelas, dejan a muchos
niños o adolescentes como carne de
psiquiátra de por vida. La violencia sexual
lleva a una violencia pederasta que nos
asusta por no tener ningún límite moral ni
ética humana ante el recien nacido. La
violencia racista que excluye los colores de
la piel del ser humano, hijo de Dios,
haciendo que únicamente la raza blanca se
crea superior. La violencia que nuestros
hijos ven en películas, videojuegos y
dibujos animados contribuye a ese desajuste
ético del niño y adolescente. Ni que decir
tiene que la violencia en las guerras asume
todas estas anteriormente descritas, más la
violencia terrorista indiscriminada que
hemos sufrido en los días 11 de septiembre y
11 de marzo.
Demasiada violencia y beligerancia. Estando
así las cosas, no entiendo como a los
católicos, que debemos predicar el amor, que
nuestra iglesia particular es la familia
fundada en los valores religiosos como hijos
de Dios que somos, se nos ataca de una forma
beligerante por parte del Gobierno
socialista ignorando 3 millones de firmas
que las familias católicas querían entregar
en el Congreso. Beligerancia contra el
cristianismo, o sea, violencia política y
social frente a la religión Católica,
religión del amor. En contra de lo dictado
en Francia frente a la religión, en España
se ataca al catolicismo favoreciendo
matrimonios rotos con hijos violentos por
sentirse culpables de las desavenencias de
sus padres, uniones homosexuales, adopción
de niños por éstos, abortos que marcan para
siempre a las mujeres que los han practicado
que incluso llegan a suicidarse, como
jóvenes que al no poder tener lo que quieren
"ya", se suicidan al no encontrar en la vida
nada, aburrimiento.
Como Carlista, defensor del Derecho Natural,
creyente de que el Dios Creador del Mundo
ordenó la madre naturaleza y a los hombres a
su Imagen y Semejanza para convivir en paz,
con amor y misericordia, no puedo menos que,
a través de la Junta Carlista del Reino de
Valencia, solidarizarme con las víctimas de
la violencia, venga de donde venga. |