miércoles, 04 de octubre de 2006

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

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PRESENTACION

Decía Napoleón que cada uno de sus soldados llevaba en la mochila una vara de mariscal. Y bien podríamos decir que junto a tal bastón llevaban también la Revolución en sus espaldas. Cuando el 2 de mayo de 1808 los ciudadanos de Madrid se alzaban en armas contra el invasor francés comenzaba la guerra de España a la Ilustración y el enciclopedismo. Y, cuando el 12 de abril de 1814, 69 diputados de las Cortes ordinarias publicaban un manifiesto en el que pedían a SMC D. Fernando VII "la convocatoria de Cortes con la solemnidad y en la forma en que se celebraban las antiguas" nacía la guerra del Tradicionalismo a la Revolución. Si el 30 de mayo de 1814 el rey entra en Madrid entre aclamaciones y gritos de "vivan las cadenas" es porque el buen pueblo español proclamaba que si la anarquía causada por la constitución de Cádiz era la libertad, ellos preferían la sujección a la Ley de Dios y del rey. El Trono y el Altar.

El carlismo, la forma genuinamente española de legitimismo contrarrevolucionario, se gestó en la guerra civil entre realistas y revolucionarios de 1821 a 1823 que concluyó con la entrada del ejército de la Santa Alianza a petición de los españoles; en la revuelta de los soldados realistas catalanes agraviados por el rey, la llamada "guerra del malcontents" de 1827; en la proclama, en fin, de la Diputación de Vizcaya de 1833, en la que protesta por la derogación del Auto acordado que revocaba la Pragmática sanción por la cual el rey alteraba el orden sucesorio vigente sin convocatoria de Cortes legítimas, afirmando la proclama vizcaína la legitimidad de la sucesión del príncipe D. Carlos María Isidro. Sin embargo el nacimiento oficial del carlismo se produce el 3 de octubre de 1833, 10 días después de la muerte del rey Fernando VII, cuando el administrador de correos de Talavera, Manuel González, alzó la bandera de la Tradición al grito de ¡viva Carlos V!, comenzando así la primera de un total de 3 guerras civiles y una Cruzada. Rápidamente detenido y fusilado, fue también el primero de los numerosísimos mártires que dieron su vida por la Tradición. Toda España se alzó por SMC D. Carlos V y se unió en un sólo clamor: "Dios, Patria y Rey". Los enemigos eran pocos pero significativos: grupos de afrancesados, enciclopedistas, aristócratas, financieros, masones y carbonarios, mas dominaban la administración, el ejército y la corte, y con la ayuda de los ejércitos liberales de Francia, Inglaterra y Portugal lograron vencer en una sangrienta y larga guerra de 7 años a los voluntarios del pueblo español, sin fusiles ni cañones, pero empujados por su ardiente fe en Dios y su rey.

Desde entonces hasta el día de hoy, a lo largo de 170 años, la Contrarrevolución española se ha llamado Carlismo, y ha combatido a la Revolución y a todos los hijos que, como abortos, ha ido pariendo: la monarquía liberal, la república, el socialismo, el imperialismo, el comunismo, el nacionalsocialismo. Nunca las derrotas lograron tales logros: gracias al carlismo en España jamás logró triunfar completamente la Revolución. Nunca los españoles ofrendaron con tanta generosidad su sangre como en la guerras contra aquella.

Valencia ha sido hija predilecta de la Tradición a lo largo de toda la historia. Tallada, Forcadell, Alió, Cabrerá, el "Tigre del Maestrazgo", Arnau, Salvador y Palacio, Santés, Cucala, Lozano, evocan la lucha de los tradicionalistas en tierras valencianas. Pero no sólo de guerreros fructificó el carlismo valenciano: intelectuales, filósofos y pensadores como Aparisi y Guijarro o Polo y Peyrolón, armaron con sólido brío el cuerpo doctrinal tradicionalista. Las acciones de Morella, Segura, Camorra, aún resuenan en las crónicas de los pueblos del Maestrazgo o el Campo del Turia. En 1936 muchos jóvenes valencianos se enrolaron en el Tercio Virgen de los Desamparados para combatir al comunismo. Desgraciadamente la caída de Valencia en manos rojas al principio de la Cruzada redujo en gran medida los miembros y la efectivdad del Tercio y causó el asesinato de muchos mártires de la Tradición.

¿Por qué carlistas hoy? Porque sigue la lucha contra el sistema liberal. Porque un poder que se arroga la soberanía nacional es más absolutista que cualquier rey. Porque un parlamento dominado por partidos políticos que no reconocen ninguna autoridad por encima de ellos es una tiranía frente a un rey limitado por la ley de Dios por arriba y por las Cortes representativas y legítimamente constituidas por abajo. Porque una España fuerte ha de estar compuesta de la unión de sus reinos, principados y señoríos, por las Españas históricas con sus libertades y derechos respetados. Porque una sociedad vigorosa no puede dejar la defensa de sus intereses en grupos clientelares llamados partidos, que se venden fácilmente a los poderosos por alcanzar el poder, y tratan de destruir todas aquellas instituciones (gremios, universidades, sindicatos, cámaras, colegios profesionales, academias, municipios) nacidas espontáneamente entre las personas.

Pero sobre todo porque un pueblo que olvida a Dios, un pueblo que no quiere vivir bajo la Ley natural, está condenado a la disolución, a la pérdida de valores, a la desesperanza, a la perdición. La fidelidad es la más pura y noble de las virtudes, y la Comunión Tradicionalista Carlista proclama la suya a Dios, a su Santa Madre Iglesia, a su cabeza, el papa, y al Magisterio de la Tradición Católica, como así también a las Españas y a su Rey Legítimo, el rey católico y Tradicional. Y no hay cualidad alguna en la que destaquen más los carlistas que en la Lealtad. Hoy, como aquel 3 de octubre de 1833 nosotros, los leales a la verdadera España, proclamamos ¡viva don Carlos! ¡Viva Dios, la Patria, los fueros y el Rey legítimo!.

Valencia, 10 de diciembre de 2004.                           

 

 

 

 

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