martes, 17 de octubre de 2006

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7 de febrero de 2005. Opinión política. La cuarta carlistada y la quinta estupidez. por José Javier Esparza

     

 

Siempre se le ha reprochado a la izquierda, y con razón, que falsee la historia para hacer mitología. Un mito tan absurdo como el de la "legalidad republicana" en el año 36 (singular tipo de legalidad donde policías de paisano asesinan al jefe de la oposición, por ejemplo) ha alimentado y sigue alimentando el imaginario guerracivilista del socialismo.

     
Pues bien: de modo paralelo, en los últimos meses, y a propósito del Plan Ibarreche, un mito de pareja debilidad está surgiendo en la derecha oficial. Según tal mito, el movimiento secesionista vasco sería "la cuarta carlistada", esto es, la cuarta guerra carlista (prolongada por otros medios), y la "resistencia nacional" sería un avatar del liberalismo esparterista y centralizador, súbitamente investido hoy de profundas virtudes modernizadoras.

El nacionalismo es un movimiento moderno; el carlismo es un movimiento tradicional. El nacionalismo del PNV aspira a una república independiente y homogénea vasca (sea esto lo que sea); el carlismo aspiraba a una monarquía hispánica en la heterogeneidad de los derechos tradicionales. El nacionalismo es un constructo teórico en cuyo centro está una nación-pueblo (real o ideal); el carlismo bebía en una doctrina de carácter religioso en cuyo centro está Dios. ¿Qué hay en común entre el carlismo y el nacionalismo vasco? Sin duda es sugestivo que en lugares como el País Vasco haya habido tales o cuales fenómenos de continuidad entre la boina roja (Dios, Patria, Rey) y la retórica jeltzale (Dios y Ley Vieja), pero ¿por qué esa continuidad no se ha producido en ninguna otra zona de tradición carlista: ni en el Maestrazgo, ni en Andalucía, ni realmente en Navarra? Puede que el nacionalismo vasco haya actuado como "doctrina de sustitución" para un problema foral mal resuelto, pero, ¿por qué no ha ocurrido lo mismo en otros lugares? Por una sencilla razón: porque el carlismo y el nacionalismo son doctrinas poco conciliables. Se diga lo que se diga en "Madrid".

Respecto a quienes predican esas cosas, choca ver tal reivindicación del liberalismo esparterista en voces que al mismo tiempo defienden "la religión". ¿Qué imposible hilo puede vincular a los "exaltados" del Trágala, servilón, los liberales del XIX, aquellos comecuras atiborrados de credo masónico, con los defensores del "centro reformista"? Otro día exploraremos las respuestas.

Lo sustantivo: en el fondo, todo eso de la "cuarta carlistada" no es más que una pantalla para disimular la verdad, a saber, que el secesionismo (vasco, catalán, pronto gallego) es producto directo del deficiente diseño del Sistema del 78. O sea que, para salvar los muebles del Sistema del 78, cerramos los ojos a la evidencia, nos imaginamos un nuevo Sitio de Bilbao y le echamos la culpa a Zumalacárregui. Y a esto lo llamarán "sentido del Estado".

El mejor modo de no resolver nunca un problema es plantearlo de manera equivocada.

 

 

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