|
De hecho, muchas veces el amor hacia el
cónyuge es una especie de préstamo del que
se espera obtener lo que se ha dado más los
intereses. Por eso, cuando algo falla en ese
intercambio comercial de sentimientos, el
"fracaso matrimonial" o divorcio es la
solución más "fácil" o socorrida.
El sistema político del liberalismo
capitalista salvaje está impregnando todos
los ámbitos de la vida. Yo te amo si tú me
amas y me das a cambio más de lo que yo te
doy. Y si "lo nuestro" no funciona, nos
separamos y buscamos a otra persona para
fundar otra empresa de "sentimientos". Se
trafica con sentimientos y los hijos que
nacen de ese tipo de matrimonios están
condenados a ser los nuevos esclavos del
amor interesado de sus padres. De hecho,
cuando el matrimonio se destruye, esos niños
se convierten en moneda de cambio, siendo
llevados de acá para allá para satisfacer
las necesidades "sentimentales" de sus
padres.
La reacción del cristianismo ante este
problema se presenta muy complicada, porque,
no hay que olvidarlo, este sistema ha nacido
dentro de una sociedad que se presumía
cristiana. Es decir, este
liberalismo-capitalista de las emociones es
el resultado de las sociedades occidentales
donde se supone que el elemento cristiano
era parte esencial de su naturaleza.
Probablemente hemos heredado los errores de
esa concepción cristiana por la que el
creyente ha de ser "bendecido" con la
prosperidad económica, que es la que en el
fondo ha acabado por convertirse en el
objetivo máximo de los ciudadanos de nuestra
sociedad. Al convertir la vida cristiana en
una fábrica de prosperidad material, se ha
caído en la tentación materialista y
hedonista que acaba por dejar la propia fe
en un plano relegado y que sirve sólo para
sacarnos de las situaciones apuradas, es
decir, que sirve sólo como otra moneda de
cambio.
¿Cómo revertir todo esto?
Pues con el espíritu ético y moral que se
desprende del evangelio de Cristo.
Necesitamos concienciarnos que estamos en
minoría y que nuestra sociedad necesita con
urgencia una inyección de verdadero
cristianismo antes de que nos convirtamos de
nuevo en una copia barata de la sociedad
existente en tiempos del imperio romano. Nos
jugamos mucho en este envite como para andar
buscando posibles justificaciones bíblicas a
los pecados de nuestra sociedad. Por tanto,
y en el ámbito del matrimonio, debemos ser
todo lo tajante posible a la hora de
predicar su indisolubilidad y su valor como
elemento básico de nuestra sociedad.
Iremos contra corriente, pero mejor luchar
contra el pecado que acomodarnos a vivir en
medio de él.
Bendiciones
Luis Fernando Pérez Bustamante
http://www.angelfire.com/hi/luisperez/espversion.html
|