jueves, 30 de noviembre de 2006

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Artículos de historia. Montealegre. por César Alcalá

 
 

Y ese muerto habló por fin; y si bien confusamente, recuerdo que habló en estos términos: "Una cosa pasó: me cogieron, me ataron y me mataron, y yo lloraba porque mi madre esperaría. Y después me presentaron ante Dios, y Dios me dijo: ¿por qué han venido aquí sin que yo te llamara? Y contesté: ¡Señor! yo no sé nada sino que me cogieron, me ataron y me mataron, y me eché a llorar porque mi madre me esperaría... y me dijo Dios: ¿Y porqué te mataron?... Eso es lo que yo no sé... Señor, eso es lo que yo no sé... ¿Sabes tú por qué me mataron, general Prim?

 

El fragmento pertenece a un artículo escrito por Aparisi Guijarro, publicado en La Regeneración, el 2 de diciembre de 1869. En él, uno de los fusilados en Montealegre, se presenta al general Prim y le pregunta por qué fueron asesinados. Continuando el hilo argumental del sueño, narraremos los sucesos ocurridos en Montealegre, paraje situado en Sant Fost de Campcentelles, cerca de Barcelona, un 5 de agosto del año 1869.

 

En España, derrocada Isabel II, se había instaurado la I República. Eran momentos de gran agitación social y política, comunes a cualquier cambio de gobierno. El Carlismo reconocía a su nuevo monarca, Don Carlos VII, y se preparaba para una nueva guerra. El bullicio social provocó que algunas partidas decidieran alzarse en armas para sorprender a un estado débil. Aquellos levantamientos fueron germinando y prosperaron al instaurar, el general Prim, una nueva monarquía, la de Amadeo de Saboya, contraria al pensamiento carlista.

 

En aquellos días de agosto de 1869 varias partidas carlistas estaban organizándose en el Vallés, concretamente desde Mollet a San Cugat del Valles. Un grupo de carlistas se preparaba en Montealegre, cerca de Sant Fost de Campcentelles. Montealegre fue una Cartuja de penitentes de San Bruno. Muy cerca de ella estaba la Conreria, o granja, grandioso edificio donde los religiosos tenían depositado el grano y todos los útiles y arreos para la labranza. La Cartuja sufrió las persecuciones del primer tercio del siglo XIX y la desamortización de Mendizabal. En aquellos parajes debemos situar el devenir de los acontecimientos que ahora narraremos.

El relato de los hechos nos ha llegado gracias a Isidro Duño, uno de aquellos carlistas que se dieron cita en Montealegre y que, milagrosamente, pudo salvar la vida. El teniente coronel Casalís tenía orden del Capitán General de Cataluña, general Gaminde, que, desde la zona de mar, avanzar con sus tropas dirección al Vallés, para cercar y reprimir todas las partidas carlistas allí organizadas. Un grupo de carlistas decidió reunirse en la fuente de los Monjes, muy cerca de la antigua cartuja de Montealegre. Allí fueron sorprendidos por el grupo encabezado por Casalís. Llenos de odio contra todo lo que fuera carlista, detuvieron a esos jóvenes, los ataron y, sin juicio, fueron fusilados.

 

Para poderse proteger de sus impunes actos, Casalís dijo que los jóvenes llevaban boinas y armas. Nada más falso. Ese presunto armamento había sido requisado la noche anterior a una partida carlista que, al ser descubierta, dejó abandonadas esas pertenencias. La reunión carlista de Montealegre tenía como misión reunirse con el general Larramendi que se encontraba muy cerca de aquellos parajes. Un confidente advirtió que diez jóvenes se reunirían allí para levantarse en armas contra el poder establecido. Informado Casalís, y sin ningún perjuicio, acabó con el levantamiento a golpe de fusil.

 

Al lugar de los hechos fueron vecinos de Sant Fost de Campcentelles. Casalís ordenó al alcalde dar sepultura a los nueve facciosos que acababan de ser fusilados. Los cuerpos fueron enterrados en una fosa común del cementerio de esa localidad. En el punto donde se cometió el asesinato, se levantó una cruz en recuerdo de las víctimas. Aquella cruz ha sido lugar de peregrinaje para muchos carlistas catalanes.

 

Los injustamente fusilados eran: José Soler, 49 años, de Barcelona; Andrés Roca, 52 años, de Sant Cugat; Ramón Queralt, 18 años, de Barcelona; Joaquín Sauri, 37 años, de Barcelona; José María Freixas, 18 años, de Riudecols; Vicente Torras, 37 años, de Sant Celoni; Juan Vila, 39 años, de Tiana; José Anglada y Hipólito Castells, 18 años, natural Marsella.

 

El incidente tuvo repercusión dentro y fuera de nuestras fronteras. No por la muerte de los carlistas, sino por la muerte de Hipólito Castells. Este joven guardabosques -según las crónicas algo retrasado- se encargaba de la vigilancia de esos parajes. Casalís, al ver que faltaba un carlista, Isidro Duñó, no dudó en colocar a Hipólito Castells en el grupo de carlistas y fusilarlo. La reina Doña Margarita, al tener noticia de los fusilamientos de Montealegre, celebró misas en sufragio por sus almas, e hizo publicar en la prensa carlista el dolor, que a ella y a Don Carlos VII, les había producido un hecho que escandalizó a toda Europa.

 

Si vergonzosa fue la actuación del teniente coronel Casalís que, tras esa acción fue nombrado coronel, más lo es la orden del Ministro de la Guerra, general Prim, por ordenar matar a cualquier carlista que se levantara en armas.

 

Hemos desvelado el motivo por el cual esos carlistas fueron asesinados en Montealegre pero, quizás, en los últimos días de su vida, el general Prim seguía oyendo la voz de ese joven carlista que le decía:

 

¿Sabéis por qué me mataron, general Prim? Dímelo si lo sabes, y yo le enviaré un recadito a mi madre que aún estará esperando.

 

Y, después, tal vez oía el canto de los otros carlistas que le cantaban:

 

De MONTEALEGRE somos.

Allí caímos.

Míranos bien, míranos bien.

 

 

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