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A la mañana siguiente, uno de ellos encuentra a un
labrador de Ayuela. Le pide sus bragos que le
servirán para simular su aspecto y lograr escapar
definitivamente de las tropas isabelinas. El otro
resultó ser uno de los capitanes del destacamento,
Capitán Portillo, que sería descubierto malherido un
poco más allá del río. Diéronle caza y muerte en el
paraje que hoy se denomina "Mataportillo" o
"Portillas".
Desde entonces ha existido una gran cruz de piedra
en el lugar llamado "Mata de los carlistas",
realizada sobre el suelo. Muchas veces el paso del
tiempo o el ganado deterioró la cruz, pero otras
tantas fue reconstruida. Nadie sabe quién lo hace ni
por qué. |