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En la convulsa historia del siglo XIX
español, fueron constantes los
pronunciamientos y levantamientos, que desde
diversos planteamientos políticos pretendían
cambiar la situación vigente. Uno de estas
rebeliones fue la protagonizada por el
pueblo carlista en el verano de 1869, que,
aunque fracasada, sirvió para preparar el
terreno en vistas a futuros alzamientos, que
culminarían con la 3ª Guerra Carlista
(1872-76). A través de estas líneas
trataremos de ofrecer una visión general de
lo que fue ese levantamiento en las tierras
del Maestrazgo.
Contexto histórico: La revolución de
septiembre de 1868
A finales de septiembre de 1868 se produjo
la insurrección, preparada conjuntamente por
juntas revolucionarias y conspiradores
militares, de las fuerzas mandadas por los
generales Prim y Serrano, y el almirante
Topete, con el fin de derrocar al gobierno
de Isabel (II). La sublevación se extendió
por toda España, sin que las fuerzas
gubernamentales demostrasen excesivo
entusiasmo en sofocarla. El día 28 de
septiembre se produjo el enfrentamiento
entre el ejército sublevado y el que
permanecía leal al gobierno de Madrid, en el
puente del pueblo cordobés de Alcolea. La
lucha terminó con la victoria de los
sublevados que derribaron al gobierno de
Isabel II, obligándola a exiliarse en
Francia.
El 9 de octubre el general Serrano se hacía
cargo del gobierno provisional a instancias
de la junta revolucionaria de Madrid. Dio
así inicio una nueva etapa en la España del
siglo XIX, conocida como "sexenio
revolucionario", durante la cual se
producirían dos fallidos levantamientos por
parte de los carlistas en 1869 y 1870.
Si nos centramos en el ámbito geográfico del
Norte de la provincia de Castellón, es
decir, las comarcas del Maestrazgo y Puertos
de Morella, podemos ver como la hostilidad
popular ante este nuevo proceso
revolucionario se hace patente desde el
primer momento en algunos lugares:
convocadas las elecciones para principios de
1869, propagandistas republicanos llegan a
la ciudad de Morella el 16 de diciembre de
1868, su presencia provoca un grandioso
motín, en el cual participaron más de 3000
personas; obligando al Comandante General de
Morella, Brigadier D. José García Velarde, a
dictar un bando (6 de enero de 1869) en el
cual amenaza con castigos ejemplares a los
que sostengan "la continua agitación de los
conspiradores carlistas" en ese distrito.
El orden no se alteró durante las
elecciones, pero los carlistas denunciaron
maniobras gubernamentales (amenazas de
deportación a África) para que retirasen sus
candidaturas, lo cual sucedió en algunos
lugares. Esto provocó un aumento de la
tensión social, y en previsión de un
alzamiento carlista el Gobernador Civil de
Castellón, D. Facundo de los Ríos y
Portilla, y D. Rafael Primo de Rivera,
Capitán General de Valencia, tomaron una
serie de medidas preventivas: el Capitán
General, al mando del Primer Batallón de
Granada, tres Compañías del Segundo y unos
treinta Lanceros de Sagunto, recorrió el
territorio bajo su mando, amenazando con
medidas represivas a los alcaldes y vecinos
de las poblaciones más carlistas, en caso de
que no se mantuviese el orden público.
Finalmente las elecciones se llevaron a
cabo, consiguiendo los carlistas enviar una
representación de veintidós diputados a las
Cortes. Por primera vez los carlistas podían
combatir la Revolución desde dentro.
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Reforzamiento del carlismo y el alzamiento
de 1869
Pero la agitación carlista contra el régimen
liberal persistía. La reorganización del
carlismo, a nivel político y militar, era un
hecho desde el inicio del reinado de Carlos
VII en octubre de 1868; además la
publicación de la Carta-Manifiesto al
Infante D. Alfonso, en junio de 1869 ayudó a
clarificar la situación, las aspiraciones y
objetivos del carlismo, reafirmando su
carácter social, y sobre todo, ilusionó a
gran parte del pueblo español con la
esperanza de que pronto llegaría a España el
hombre que se necesitaba.
En este contexto de crisis política y
social, y de revitalización del carlismo, se
producen en el verano de 1869 dos intentos
fallidos de alzamiento en Figueres y
Pamplona, contando con la participación
personal del mismo Carlos VII, siendo
descubiertos antes de poder llevarse a cabo.
Pamplona debía haber sido la base
estratégica de la sublevación iniciada en el
resto de España. Efectivamente, en los meses
de julio y agosto hicieron aparición
diversas partidas por toda la geografía
española, su actuación se centró,
principalmente, en La Mancha y Extremadura
(dirigidas por el Mariscal de Campo, D. Juan
de Dios Polo); León (encabezadas por el
coronel D. Pedro Balanzátegui, fusilado en
Valcovero -Palencia-) y el Reino de
Valencia. Otros focos fueron Castilla la
Vieja, Cataluña, Galicia, Navarra y
Vascongadas.
El fracaso de la conspiración de Pamplona
supuso la dispersión y la descoordinación de
las fuerzas sublevadas. La rebelión fue
sofocada rápidamente (a principios de
septiembre había concluido) por las fuerzas
del gobierno provisional, con una durísima
represión siguiendo las instrucciones del
presidente del gobierno revolucionario,
General Prim, en las que ordenaba "no dar
cuartel a los carlistas, fusilar a todo el
que sea cogido con las armas en la mano
haciendo fuego".
La insurrección en el Maestrazgo (agosto de
1869)
Centrándonos en lo que fue esta insurrección
en las tierras del Maestrazgo, vemos que el
11 de agosto se produce en Villarreal (La
Plana Baixa) un motín, con el pretexto de la
distribución de aguas de riego de la acequia
de Castellón. El resultado fue la detención
de 87 de los amotinados, y la formación de
una pequeña partida, encabezada por Galindo
y de la cual formaba parte el presbítero
Ballester.
Tras el primer estallido en Villarreal la
rebelión se extendió hacia el Norte de la
Provincia : el mismo día 11, en Benlloch se
levantó una partida mandada por el calderero
Dembilio; otra en Alcalá de Xivert a las
órdenes de Agustín Mañes. Este grupo se
dirigió a Alcocebre donde desarmaron a la
pareja de carabineros, llevándose armas y
municiones. Al verse perseguidos por las
fuerzas del Regimiento de Granada, se
refugiaron en la elevada ermita de San
Benito; donde contactaron con otro grupo de
180 carlistas de Alcalá, encabezados por
Francisco Vallés (el que sería Comandante
General de la Provincia de Tarragona,
primero, y, después, del Maestrazgo en la 3ª
Guerra Carlista). En el pueblo de Alcalá
estaba prevista la sublevación de 500
hombres, pero la entrada de fuerzas
gubernamentales hizo a muchos desistir de
unirse a la rebelión, fracasando en parte
los planes de alzamiento.
En San Mateo se formó una partida de unos 50
hombres dirigidos por Ignacio Vilanova y
Pedro Rocher. Esta partida puso sitio al
cuartel de la Guardia Civil, donde se
refugiaron 10 guardias civiles y los pocos
liberales de la población. La llegada de
refuerzos para los sitiados hizo retirarse a
los carlistas de San Mateo, que acabaron
uniéndose al grupo de Vallés que se
replegaba hacia el Norte ante la presión de
las tropas del gobierno.
El día 12 de agosto se levantó una partida
en Ares del Maestre, al mando de Ignacio
Polo, que se apoderó de los fondos en poder
del recaudador de contribuciones, desde
allí, con unos 60 hombres, se dirigió a
Cinctorres y La Mata. Ese mismo día otro
grupo se organizó a las órdenes de Antonio
Borrás, en la ermita de la Font de la Salut
de Traiguera. Esta partida fue diezmada a
los pocos días por las fuerzas del Teniente
Coronel Arrando en un choque producido en la
masía de Les Clapises, en Vallibona; los
supervivientes se retiraron hacia la Tinença
de Benifassar y los puertos de Beceite,
logrando escapar de la persecución de las
tropas.
A pesar de todos los imprevistos surgidos y
de la presión de las fuerzas
gubernamentales, la insurrección se iba
extendiendo por todo el Maestrazgo. Son
significativos los datos que aportan los
libros de Actas de Sesiones de los
ayuntamientos, acerca de los acuerdos
tomadas por los municipios liberales en
materia de orden público y seguridad, dando
testimonio del peligro que las partidas
suponían para el orden establecido. Así, el
Ayuntamiento de Benicarló reconoce la
necesidad "durante las actuales
circunstancias, de que haya dos vigilantes
en la torre campanario para avisar cualquier
novedad y tocar en su caso a somatén o
alarma"; también se establece la "necesidad
de fondos para atender a los gastos de Orden
Público y los muchos que ofrece el armamento
y la defensa en las actuales
circunstancias".
Como intento de dominar la insurrección, el
Capitán General del distrito ofreció a los
carlistas un plazo de ocho días para
acogerse a indulto, plazo que muy pocos
aprovecharon.
Las diversas partidas dispersas que fueron
surgiendo por el Maestrazgo se fueron
integrando bajo el mando de Francisco Vallés.
El grupo de Dembilio se unió a éste en
Sarratella, reuniéndose una fuerza de 300
hombres. Desde esta población se desplazó un
grupo de 25 hombres para liberar a los
carlistas presos en la cárcel de Albocácer.
Se intentó establecer contacto con los
carlistas sublevados en la Plana de
Castellón, dirigidos por Galindo, para ello
se enviaron dos emisarios, que fueron
detenidos por el Comandante Mendoza.
Finalmente, el 21 de agosto las fuerzas de
Vallés y Galindo se reunieron en Catí, donde
se produjo un enfrentamiento con la columna
del Teniente Coronel Serrano. La lucha fue
reñida, prolongándose durante varias horas;
finalmente la victoria se decantó por las
fuerzas liberales.
Los carlistas tuvieron 11 muertos, entre
ellos Galindo y el presbítero Ballester.
Esta derrota en Catí supuso un duro golpe
para las esperanzas de los sublevados. De
nuevo las fuerzas se dispersaron, muchos
carlistas se acogieron a indulto, otros
optaron por esconderse o exiliarse para
evitar la persecución de las autoridades
liberales. A finales de agosto se producen
los últimos movimientos para dominar la
insurrección, que como en el resto de España
se dio por concluida a primeros de
septiembre. |
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Conclusiones
Este movimiento insurreccional del verano de
1869, supuso un tanteo a la reacción del
enemigo y al grado de apoyo popular que el
carlismo pudiera tener en vistas a un futuro
levantamiento. Los focos de lucha fueron muy
localizados, dirigidos por jefes conocedores
de la zona por la que se movían, lo cual
facilitó la movilidad de las partidas ante
el continuo acoso gubernamental. El hecho de
que no se contase con un territorio dominado
y una estructura militar estable hizo
fracasar el alzamiento, ya que sin medios
para el suministro, sin bases logísticas y
nexos o conexiones entre las partidas, era
imposible mantener durante mucho tiempo la
rebelión. De esta experiencia bélica el
mando carlista extrajo la conclusión de la
necesidad de crear un ejército organizado,
con toda la infraestructura necesaria para
poder combatir al enemigo durante períodos
prolongados de tiempo y poder mantener el
control del territorio conquistado.
A pesar de la derrota, tres años después,
gran parte de los mismos personajes, en el
mismo teatro de operaciones, se alzaron de
nuevo siguiendo el mandato de su Rey: "(...)
Por nuestro Dios, por nuestra Patria, por
vuestro Rey, levantaos españoles (...)"
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